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Recuerdos de nuestro viaje a El Salvador

Lo que piensa Stacy
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El lunes salimos de San Salvador hacia Usulutan adonde ayudamos con la construcción de unas casas de Habitat para la Humanidad. Raúl nos prestó un carro, sin aire acondicionado y con una ventana que no baja. Los niños aprendieron rápido a pelear por sentarse cerca de la otra ventana. Nos costó un poco encontrar el lugar donde Habitat está construyendo las casas, pero al fín dimos y comenzamos nuestra carrera de albañiles.

Oprima para agrandar la foto Todos los que estaban trabajando con Habitat nos recibieron muy amablemente, y fué muy interesante ver este tipo de construcción. No se utilizan herramientas eléctricas para nada, con excepción, nos dijeron, de un mezclador de cemento cuando pusieron la fundación (la cual ya estaba en pie cuando llegamos). Pasamos la semana trabajando en cinco diferentes casas, todas las cuales se completarán en de 6 a 8 semanas. Las familias que están comprando las casas cada una trabaja también en las casas de las otras, ya que todas quedan cerca. E hizo CALOR. Mucho CALOR. No duramos mucho, pero estoy orgulloso del trabajo que mi familia y yo hicimos. Creo que lo que más me gustó fue hacer una línea humana para mover los bloques de ladrillo de un lugar al otro - esa fué idea mía y funcionó muy bien. Jonathan no se tardó mucho en hacerse cargo de la mezcla de cemento!

Finalmente, debido al calor, no duramos sino hasta las 3:00. Salimos de Usulután y nos fuimos para la casa de la playa de Tía Sonia. Nos perdimos un poco en el camino (y estabamos muy cansados), pero cuando al fín llegamos, fué idílico. El océano Pacífico en el patio de enfrente y hamacas en el corredor - y finalmente silencio! Nos metimos en el océano, las olas estaban perfectas para "body surfing", y luego comimos una deliciosa cena de pescado fresco a la parrilla. Nos dormimos casi de inmediato.

Oprima para agrandar la foto El siguiente día regresamos a Usulután - son más ó menos 45 millas de la casa de la playa a Usulután. Ese martes fué otro día calientísimo y decidimos que no podíamos trabajar un día completo en este calor. Decidimos que nos ibamos a tomar un día libre para nada más quedarnos en la playa (jueves). Fue bueno ver las hileras de ladrillos empezar a subir, pero lamentablemente no vimos a las familias, las cuáles fuimos conociendo mejor a medida que trabajamos con ellas, moverse a sus casas. La mayoría de las familias que estaban trabajando habían perdido su casa original en el terremoto.

Miércoles - más de lo mismo. Ese día trabajamos en una casa diferente. María - la muchacha con la cuál Lulú estuvo en contacto antes de ir a El Salvador - nos visitó ese día y nos invitó a almorzar. Nos llevó a un pequeño pueblo en las afueras de Usulután llamado Santa Elena, y nos mostró algunas de las casas ya completas que Habitat había construído allí, del mismo estilo de las que nosotros estabamos ayudando a construir. Hasta conocimos a una de las dueñas (y a su hija) y la casita es muy buena. La señora se mostró muy agradecida (aúnque en realidad ella está comprando la casa.) Nunca podré ver una simple casa de ladrillos sin pensar en cuánto trabajo tiene que hacer un albañil para construir aún la casa más pequeña.

Un comentario acerca de las carreteras en El Salvador. La última vez que estuve aquí hace 12 años, recuerdo que las carreteras fuera de San Salvador esában en pésimas condiciones (y dentro de San Salvador tampoco estaban ni muy bien que digamos). Ahora las carreteras están mucho mejor. No podríamos haber hecho lo que hicimos, manejar 45 millas de ida y 45 de vuelta todos los días, si las carreteras estuvieran en el mismo estado de hace 12 años. El viaje de 45 millas nos hubiera llevado 2 horas. Esta vez solo nos tomó una hora.

Oprima para agrandar la foto El jueves tomamos el día libre y solo lo pasamos holgazaneando cerca de la playa. Me leí un libro entero de Agata Christie y me metí al mar. También puse en buen uso las hamacas. Los niños fueron a buscar cangrejos y se encontraron un tiburón muerto que la marea había traído a la playa.

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El viernes fué nuestro último día en el lugar de construcción de Habitat. Hicimos varios amigos e intercambiamos direcciones. Fué un poco triste decir adiós. Ese viernes pasamos por la óficina del alcalde de Usulután - es esposo de la mejor amiga de Lulú. Nos trató como personas importantísimas y nos cayó muy bien. Nos explicó un poco el sistema político de El Salvador. Él es del partido de "oposición" así que cuando el gobierno central repartió fondos de ayuda por el terremoto - el sintió que su ciudad no recibió lo que le tocaba. Es como si George Bush decidiera no darle nada a California pues se figura que va a perder la elección en ese estado la siguiente vez de cualquier manera. Pero yo creo que si algo como eso pasara en los E.U., las cortes federales se involucrarían. Pero no estoy seguro. De cualquier manera, el alcalde no sabía mucho de Habitat y tenía curiosidad y deseo de saber más.

Oprima para agrandar la foto El sábado es otro día de no hacer nada otra vez. Conocí a la familia de Pipo, de Honduras. Me cayeron muy bien, Pipo y su esposa y sus tres hijas (21, 16, and 13). La hijas todas van a una escuela bilingüe así que les pude hablar en inglés.

Oprima para agrandar la foto Jugamos un juego de soccer en la playa (la prima de 16 años es muy buena jugadora) y también les enseñe a jugar "Pit" - mi juego favorito para reuniones y fiestas. La sangre latina hizo el juego aún más interesante ... cuando un ganador finalmente gritaba "yo gané", los demás jugadores se negaban a terminar ese juego, sino más bien seguían cambiando para ver quién quedaba en segundo lugar. Nos divertimos mucho. Nos contaron que el equipo nacional de soccer de Honduras tenía un partido importante el lunes en la noche. Prometimos que lo miraríamos. Nos invitaron a ir a Honduras pero es muy lejos. Talvéz la siguiente vez.

Oprima para agrandar la foto El domingo fué el día en que Pipo y su familia se tenían que regresar a su casa, y nosotros también. Pero nos despedimos con el horario Salvadoreño (bien despacio), comiendo chacalines frescos y tomándonos bastantes cervezas. Las cervezas en El Salvador son bien baratas (entre $0.50 y $1.00) así que uno puede invitar a todos sin gastar mucho. Y por supuesto ellos tienen que invitar también. Como Louise no toma cerveza, se le designó como la motorista oficial, ya que terminamos tomando bastantes. Pipo y su esposa son muy alegres y sentimos mucho tener que despedirnos

Más fotos de esa linda mini-reunión familiar:

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